Capilla del Loreto

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LOS ORÍGENES DE LA SEMANA SANTA DE ORIHUELA

En la capilla extramuros de la S. I. Catedral de Orihuela tuvo lugar el nacimiento de las procesiones de Semana Santa en la ciudad de Orihuela. En esta capilla construida en el siglo XVI se establecieron una serie de cofradías que organizaban la procesión de Viernes Santo en la tarde, un cortejo de disciplinantes que acompañaban a las imágenes de Cristo y la Virgen María.

LA LOABLE COFRADÍA DEL SANTÍSIMO SACRAMENTO, SANGRE DE CRISTO, NUESTRA SEÑORA DEL LORETO Y NUESTRA SEÑORA DE LOS DESAMPARADOS. 

« … las loables cofradías instituidas y fundadas en dicha capilla, que lo son la del Santísimo Sacramento, la de la Purísima Sangre de Cristo o Ntro. Padre Jesús, la de Ntra. Sra. de el Oreto, y la de Nª Sª de los Desamparados, que todas cuatro corren unidas de modo que los Mayordomos que son de la del Santísimo, lo son de las otras tres». 

Archivo Catedralicio de Orihuela.  

Libro de la Cofradía de Santa María del Loreto. Junta celebrada el 7 de marzo de 1756. f. 84 v. Sig.: 1066 

 

LA COFRADÍA DEL SANTÍSIMO SACRAMENTO 

La cofradía del Santísimo Sacramento daba nombre en la práctica a las cofradías establecidas en esta capilla, dentro de la administración y gestión conjunta de estas asociaciones religiosas. La primera referencia de su existencia se remonta a la cesión de uso en 1542 de la capilla del Loreto, aunque no será confirmada como tal por la Santa Sede hasta el 1 de marzo de 1608. Sus cofrades eran partícipes de las indulgencias concedidas a la cofradía y por razón de hermandad, de todas aquellas dadas a las cofradías de la Purísima Sangre de Cristo, Nuestra Señora del Loreto y Nuestra Señora de los Desamparados. 

El Jueves Santo era un día muy importante para sus cofrades, ya que se encargaban de iluminar a su costa el monumento de la Catedral. Los mayordomos del Santísimo Sacramento velaban el monumento durante el Jueves Santo cumpliendo una de las funciones principales que tenía encomendadas: fomentar el culto a Dios sacramentado.   

LA COFRADÍA DE LA PURÍSIMA SANGRE DE CRISTO   

 El origen de la cofradía de la Purísima Sangre de Cristo se remonta a la segunda mitad del siglo XVI, como queda demostrado con la existencia de su escudo en la portada del atrio del Loreto, aunque no será confirmada por la Santa Sede hasta el 19 de marzo de 1615, por bula del Papa Paulo V. Según la aprobación del pontífice, tenía como subtítulo la advocación de Nuestro Padre Jesús Nazareno, imagen a la que se rendía culto en el altar mayor de la capilla del Loreto, que será conocida a partir de la riada de 1797 como “el ahogado”, ya que la antigua talla fue arrastrada porla crecida de las aguas del Segura.

LA COFRADÍA DE NUESTRA SEÑORA DEL LORETO  

La cofradía de Nuestra Señora del Loreto tiene su origen en la fundación de la propia capilla del Loreto, aunque no será confirmada hasta el 19 de agosto de 1622 siendo pontífice Gregorio XV. La principal función religiosa que celebraba era la traslación de la casa del Loreto, que tenía lugar el 10 de diciembre en la Catedral donde se hacía misa solemne y sermón a expensas del Cabildo Catedralicio. Durante la víspera se llevaba en andas la imagen de Nuestra Señora del Loreto desde su capilla al interior del templo del Salvador para realizar al día siguiente una procesión con la efigie, posteriormente era trasladada de nuevo a su altar. La primitiva escultura era de pequeño tamaño y estaba sentada sobre una casita de madera, la casa de Nazaret, aunque según nos describe el canónigo Buck fue sustituida entre 1816 – 1818, por una nueva, de mayor tamaño, y se reutilizó una imagen de Nuestra Señora del Rosario, dado que la antigua estaba estropeada por el transcurso del tiempo y de avatares como la riada de 1797. Todos los sábados del año por la tarde, tras concluir los oficios de la Catedral se abría la puerta del mediodía, situada frente a la capilla lauretana que tenía abiertas a su vez las puertas del atrio y de la propia capilla. Los canónigos, medios racioneros, capellanes, salmistas e infantillos se colocaban a la altura de la puerta del coro mirando hacia el Loreto y cantaban la Salve a Nuestra Señora con los laudes y la oración propia de la festividad de su título. 

LA COFRADÍA DE NUESTRA SEÑORA DE LOS DESAMPARADOS 

Una de las cofradías establecidas en la capilla del Loreto, la de Nuestra Señora de los Desamparados, disponía de imagen y altar propio, desarrollaba una importante labor asistencial, siguiendo el modelo característico de las cofradías de la Sangre de Cristo en la corona aragonesa. En este sentido, además de proporcionar sepultura y entierro a sus cofrades, socorría en lo espiritual y en lo material a aquellas personas desgraciadas que eran sorprendidas por la muerte en soledad, de forma natural o violenta, en total desamparo, expuestos sus cadáveres a las inclemencias del tiempo o a la voracidad de las aves. Asimismo, asistía a aquellas personas que eran ajusticiadas en la horca o garrote, tanto desde el punto de vista material como espiritual. 

EN EL ATARDECER DE VIERNES SANTO … 

«Filas calladas de devotos con cirios ardientes. Un silencio de cielos campesinos que venían a tenderse encima de Oleza. Un pisar sumiso, y el plañir de los limosneros: “¡Por los que están en pecado mortal!…” Vibraban las monedas en las bandejas de hierro. Y de lo profundo salían más imploraciones:  

“¡Por la preciosa sangre de Cristo!… 

 Para Nuestro Padre Jesús!»… 

 Fragmento de El Obispo Leproso, 1926. 

 Gabriel Miró.

LA PROCESIÓN DE LA SANGRE DE CRISTO 

 Las cofradías del Santísimo Sacramento y de la Soledad organizaban una procesión el Viernes Santo en la tarde conocida como la procesión de la Sangre o de los penitentes. Se trataba de una expresión pública de fe, donde las imágenes, los músicos de la Catedral y los disciplinantes eran los elementos principales que la caracterizaban. Las primeras noticias documentales se remontan al año 1590, cuando la junta parroquial del Salvador acordó que los cantores de la Catedral participaran en la procesión de los disciplinantes el Viernes Santo cantando un miserere, aunque su origen habría que situarlo en el último cuarto del siglo XVI, cronología que coincide con los orígenes pasionarios de muchas ciudades españolas; como es el caso de Sevilla, con procesiones documentadas desde 1570, Tarragona o Zamora. 

 La procesión de la Sangre de Cristo en Orihuela era una procesión pública de carácter penitencial donde había disciplinantes. En ella participaban la cofradía del Santísimo Sacramento de la Catedral compuesta por ciudadanos de diversa condición, mientras que en la cofradía de la Soledad eran los caballeros y los ciudadanos de mano mayor sus integrantes. En esta procesión se invocaba públicamente a la Sangre de Cristo por las calles de la ciudad para la recogida de limosnas. 

IMÁGENES, MÚSICOS, CANTORES, NAZARENOS Y LIMOSNEROS. 

La cofradía del Santísimo Sacramento, participaba con la imagen de “Nuestro Padre Jesús Nazareno del Loreto”, que era la advocación principal de la cofradía de la Purísima Sangre de Cristo, y “el Descendimiento”. Mientras, la cofradía de la Soledad concurría con las insignias de “Jesucristo clavado en la cruz”, portado por un caballero y alumbrado por mercaderes o ciudadanos de mano menor, acuerdo que excepcionalmente se había realizado para la semana santa de 1622, aunque según parece continuó en el tiempo, y su imagen titular “Nuestra Señora de la Soledad”. Ambas cofradías iban acompañadas por cantores y músicos distribuidos en cada uno de los pasos participantes en el desfile procesional que interpretaban un miserere.  

Las insignias se disponían en orden pasional, en primer lugar “Jesús Nazareno, seguido de “Cristo Crucificado”, “el Descendimiento” y cerrando la procesión “la Soledad”. Es muy probable, la participación del paso de “la Columna” o “Ecce – Homo”, y que se introdujera posteriormente. Todas ellas se portaban en sencillas andas o parihuelas de madera que costeaba la propia cofradía. Delante de la imagen de Nuestro Padre Jesús Nazareno iban dos personas o limosneros que pedían por la Sangre de Cristo a la voz de «Purísima Sangre de Cristo».  

EL PENDÓN NEGRO DE LA SANGRE DE CRISTO 

La procesión estaba encabezada por un caballero que por privilegio portaba el pendón negro de la cofradía de la Purísima Sangre de Cristo, antecedente actual del Caballero Cubierto porta estandarte de la procesión del Santo Entierro. Este estandarte servía para las procesiones de la Vera – Cruz en la Catedral, y para la del Viernes Santo, se componía de un asta y una cruz de bastón de madera colocada en la parte superior, tenía borlas y estaba realizado en tafetán negro. En la procesión, el pendón iba escoltado por dos banderetas de seda con las insignias de la pasión que llevaban dos caballeros, nombrados por el consell municipal. 

DE LA PROCESIÓN DE LA SANGRE AL SANTO ENTIERRO DE CRISTO: LA ESTÉTICA ESTAMENTAL. 

En torno al último cuarto del siglo XVII el sentido y el significado de la procesión de la Sangre de Cristo cambiará ostensiblemente, surgiendo como en otros lugares de la Corona de Aragón y del reino de Castilla la procesión del Santo Entierro. Los días de celebración de la Semana Santa, desde el Domingo de Ramos al de Resurrección tenían su punto álgido el Viernes Santo cuando se conmemoraba la muerte y a continuación, el entierro de Cristo. Desde la segunda mitad de la centuria comienza una inflexión en el concepto procesional, la tradición de los disciplinantes desaparecerá y dará paso a la procesión barroca, que centra su interés en la imagen sagrada, su ornamentación, el ornato de los pasos, el enriquecimiento y el aumento del número de enseres procesionales, la ostentación social, y principalmente, el protagonismo de las representaciones alegóricas, del sentido catequético y estamental, pero sobre todo de la teatralización de los cortejos procesionales. 

Se producirá la inclusión de grupos escultóricos que representaban otros momentos de la Pasión de Cristo, donde las imágenes principales serán el Cristo Yacente en su urna, “el Santo Sepulcro”, llamado por el pueblo como “el señor en la cama”, o “el señor muerto”. La inclusión de los gremios en la procesión como los horneros y panaderos que desde 1692 comienzan a participar con “la Oración en el Huerto”, los oficios de la ciudad con “el Santo Sepulcro”, 1692 – 1693, los mercaderes con “el Santísimo Cristo Crucificado”, y la diferenciación social que también se produce a la hora de portar los pasos en aquellas imágenes dependientes de la cofradía del Santísimo Sacramento, como los labradores que llevarán sobre sus hombros “la Insignia de la Cruz” (1695), o a “Nuestro Padre Jesús Nazareno del Loreto”, conllevará que toda la sociedad, esté presente o representada en la procesión, inclusive el poder político con la participación del consell, el clero en su máxima representación con el obispo a la cabeza, la nobleza, la clase de ciudadanos o el pueblo llano. 

LA INSIGNIA DE LA CRUZ: EL ESTANDARTE DE LA REDENCIÓN 

 La introducción de esta obra de Nicolás de Bussy y la elección de esta iconografía en el discurso catequético de la procesión, nos revela una idea intencionada del Cabildo Catedralicio de transmitir un mensaje claro de salvación a través del poder persuasivo de las imágenes y sobre la fuerza conmovedora de su contemplación en el atardecer de Viernes Santo, por la calles estrechas de la antigua ciudad episcopal convertida en un vía crucis urbano y con el bello simulacro de la cruz victoriosa como principal elemento protagonista.  

La cruz vacía con las gotas de sangre derramada por Cristo, -en evocación a su poder purificador y a la extendida devoción a la sangre de Cristo-, con el sudario colgado sobre el madero transversal, es el elemento principal del grupo escultórico, simboliza la resurrección y reina en el cielo, sobre el mundo, aplacando a la muerte, representada por un esqueleto –Mors Mortem Superavit-, y al tiempo, que transcurre de manera inexorable, materializado en un reloj que nos muestra la fugacidad de la vida, el triunfo y la universalidad de la muerte que a todos irremediablemente nos llega. La situación en el paso del esqueleto y el diablo con la manzana en la mano, todos bajo la Cruz redentora, tiene relación con la calavera de Adán como símbolo del pecado original, relacionado desde el punto de vista teológico con la redención de la cruz de Cristo, y con la tradición de su enterramiento en el monte del Gólgota. En definitiva, la obra alegórica muestra el dogma de la redención de la humanidad donde Jesucristo, el nuevo Adán, ha entregado su vida en la cruz, venciendo a la muerte y el pecado, simbolizado por la Diablesa y la manzana que sostiene en su mano, liberando a la descendencia del primer Adán, de las tinieblas, de la muerte hacia la luz de la vida eterna. 

 Dada su impecable realización técnica, de gran calidad en cuanto a sus formas, espacio, volumen, equilibrio y policromía, podemos considerarla como una de las mejores creaciones del arte barroco español, a lo que se suma la escasez de pasos alegóricos en España, más proclive en sus procesiones a narraciones continuas en detrimento de versiones simbólicas menos comprensibles, sus paralelos más cercanos son “el Triunfo de la Santa Cruz sobre la Muerte, el Mundo y el Pecado”, popularmente conocido como “la Canina” de la Semana Santa de Sevilla, que participa cada Sábado Santo en la Hermandad Sacramental del Santo Entierro de Nuestro Señor Jesucristo, realizada en 1691 por Antonio Cardoso de Quirós, o la escultura alegórica del “Arquero de la Muerte”, obra de Baltasar Gavilán, conservada en Lima (Perú). 

LA COFRADÍA DE LA SOLEDAD O DE LOS CABALLEROS  

LA COFRADÍA DE LA SOLEDAD 

 La cofradía de la Soledad, también conocida como de la Virgen María Madre de Dios o de los Caballeros, estaba instituida desde la segunda mitad del siglo XVI en el altar mayor de la S. I. Catedral, aunque su imagen principal se veneraba desde sus orígenes en la capilla del Loreto, posteriormente, en 167 fue trasladada a la seo oriolana donde mantiene en la actualidad altar propio. Su idiosincrasia radicaba en su carácter estamental, dada su estructura oligárquica y aristocrática, a ella se debe en buena parte la composición y la estética actual de la procesión del Santo Entierro de Cristo, marcada por la jerarquización social, y que refleja claramente cómo eran las antiguas procesiones religiosas en la Edad Moderna que se caracterizaban por su interés en escenificar públicamente la imagen estratificada de la comunidad local. 

Estaba compuesta por los miembros de la oligarquía, que ostentaban los cargos representativos en el consell municipal. Los jurados y los justicias de la ciudad eran los patronos de la cofradía y tenían como una de sus funciones examinar, aprobar y admitir el ingreso de los nuevos miembros que debían ser militares caballeros o ciudadanos honrados de mano mayor, posteriormente se incorporaron los ciudadanos de mano menor: juristas, operadores mercantiles, médicos, pañeros, artesanos, entre otros. Por su parte, el Cabildo Catedralicio, elegía anualmente entre sus canónigos al prior que era un cargo similar al actual de Hermano Mayor. 

 Dr. Mariano Cecilia Espinosa

Universidad de Murcia