En esta sala se muestra la historia medieval de la antigua Gobernación y Obispado de Orihuela a través de distintos testimonios artísticos de carácter escultórico, pictórico y de orfebrería, así como documentales. La Baja Edad Media está marcada en este territorio por el pleito multicelular conocido por la historiografía como «El Pleito del Obispado», un largo proceso de segregación del territorio oriolano de la diócesis de Cartagena que culminó ya en el siglo XVI con la creación del obispado de Orihuela.
LA RECONQUISTA DE ORIHUELA
A partir del siglo XII, los reinos cristianos; León, Castilla, Portugal, Navarra y Aragón, iniciaron una progresiva y rápida expansión sobre el mundo andalusí, conquistando Mallorca, Valencia, Murcia y Andalucía occidental.
Entre los años 1233 – 1245, el rey Jaime I, lideró la conquista de las tierras orientales de Al – Andalus (sharq al – Andalus) estableciendo en 1240 el reino de Valencia (Regnum Valentiae), creando señoríos, repartiendo tierras a los campesinos, fundando o reconstruyendo ciudades e introduciendo una sociedad feudal que se prolongaría durante toda la baja edad media y hasta la edad moderna.
Valencia es reconquista en 1238 por Jaime I de Aragón, mientras Orihuela es anexionada en 1243 a Castilla a raíz del pacto de Alcaraz. Un año después con la firma del pacto de Almizra, el infante Alfonso de Castilla, el futuro Alfonso X el Sabio, y Jaime I, establecieron los límites entre ambas coronas. La villa de Orihuela y su área de influencia, quedaron bajo los dominios del entonces rey castellano, Fernando III el Santo. Seis años después, con la restitución de la diócesis de Cartagena, el territorio oriolano pasó a formar parte de esta mitra.
La mayoría musulmana que habitaba Madinat Uryula (la Orihuela islámica), conservó durante estos años su autonomía, bienes, propiedades, su cultura, religión, y sus tradiciones bajo el dominio castellano. No obstante, la conquista de armas de la ciudad y la expulsión de la población musulmana, no se producirá hasta 1.264-1.265, cuando con motivo de la sublevación mudéjar y tras la ruptura del pacto de Alcaraz, tiene que intervenir Jaime I, para recuperar este territorio en ayuda del rey Alfonso X el Sabio, su yerno. El rey don Jaime instaló su cuartel general en Orihuela durante toda la navidad de 1264, hasta que logró someter la sublevación y volvió a sus dominios.
EL REPOBLAMIENTO
La antigua ciudad islámica de Orihuela fue repoblada por la propia monarquía con colonos. La inestabilidad de las tierras del sureste fue muy acusada hasta prácticamente el final del siglo XIII ya que en ellas todavía residía una amplia población musulmana, lo que conllevó que la llegada de colonos fuese lenta y escasa, por lo que el repoblamiento cristiano de las tierras oriolanas se realizó en diferentes etapas.
La ciudad será repoblada con catalanes, aragoneses y valencianos, aunque también hubo una importante presencia de colonos castellanos. Generalmente, los nuevos colonos eran familias de campesinos que venían en busca de tierras para vivir, con una presión feudal más llevadera que en sus lugares de origen. El carácter fronterizo de nuestro territorio conllevó en algunos casos la llegada de aventureros y personajes marginales que no dudaban en saquear las casas de los musulmanes o secuestrarlos para venderlos fuera del reino.
ORIHUELA, CAPITAL DEL SUR DEL REINO DE VALENCIA
Tras la conquista del reino de Murcia por parte del rey aragonés Jaime II entre 1296 y 1304 se establecieron las sentencias arbitrales de Torrellas y Elche (1304-1305), en donde Orihuela pasó definitivamente a pertenecer a la Corona de Aragón, en el Reino de Valencia. La integración de Orihuela en el Reino de Valencia conllevó la asimilación de las costumbres, prácticas, lengua, escudo y demás signos diferenciadores frente al Reino enemigo de Murcia.
En poco tiempo, Orihuela se convertiría en la ciudad más importante del sur del reino. Desde 1364 fue la capital de un distrito gubernativo, la llamada Governaçio della Sexona en ça, es decir el territorio sur valenciano más allá de Xixona, y núcleo articulador de las relaciones políticas del mismo con la Corona, a la vez que eje de los intercambios comerciales.
Orihuela era una gran población en cuanto a número de habitantes, que gobernaba un extenso territorio y tenía unas señas de identidad propias. Tenía un alfoz amplio, aunque la mayoría de la población se concentraba dentro de la ciudad fortificada, aproximadamente el 75 % de sus habitantes, mientras que el 25 % restante se dispersaba en el ámbito rural por los lugares y alquerías circundantes a la urbe, dependientes del consell municipal. A finales del siglo XIV y principios del siglo XV, la villa-ciudad de Orihuela, contaba con una población que oscilaba en torno a los 5000 habitantes, una ciudad (cuyo título se le concedería en 1437) que se sitúa en el grupo de ciudades medievales europeas de carácter medio que durante los siglos XIV y XV tenían una población entre los 5000 y 10000 habitantes.
EL CAMINO A LA CATEDRALIDAD
Durante toda la baja edad media los mayores deseos de los oriolanos se centrarán en lograr la independencia eclesiástica de la Diócesis de Cartagena, y elevar su iglesia mayor, la parroquial del Salvador, al rango de Catedral.
Aunque Orihuela pertenecía a la corona aragonesa, a nivel espiritual continuó dependiendo del Obispado castellano de Cartagena, cuya sede, pese a conservar su antigua denominación -Cartaginensis-, había sido trasladada por motivos pastorales a la vecina población de Murcia.
Esta situación en la que los límites civiles y eclesiásticos no coincidían derivó en graves problemas para los vecinos de Orihuela y su término que hizo surgir la necesidad de segregar su territorio de la Diócesis de Cartagena y elevar su iglesia mayor, la parroquial del Salvador, al rango de Catedral como sede de un nuevo obispado formado por los territorios del reino de Valencia que pertenecían a la diócesis de Cartagena. La negativa de la mitra de Cartagena conllevó un pleito multisecular conocido por la historiografía como el pleito del obispado
La Colegiata del Salvador
Con este propósito, la villa de Orihuela buscó el apoyo de los monarcas de la corona aragonesa, al tiempo que realizó diferentes gestiones ante los sucesivos pontífices.
El primer gran avance se alcanzó en 1413 al lograr que Benedicto XIII, el Papa Luna, erigiese la iglesia del Salvador de arciprestal a colegial, categoría que era necesaria para que una iglesia pudiese ser promovida a la catedralía, gracias al trabajo y las gestiones de Miguel Molsos, quien a su vez sería su primer pavorde.
De villa a Ciudad
Poco después en 1437 los oriolanos consiguieron que el rey Alfonso V el Magnánimo le concediera el privilegio de ciudad, condición sin la cual una población no podía aspirar a convertirse en cabeza de una diócesis.
Ambos logros fueron esenciales para hacer realidad las pretensiones de los oriolanos, cuya tenacidad posibilitó que en 1461 se estableciera en Orihuela un vicario general que habría de encargarse tanto de los aspectos espirituales como de los temporales que surgiesen en la gobernación.
La oposición murciana dificultará el deseo segregacionista de Orihuela. En 1510, la colegiata del Salvador sería elevada a Catedral (sub uno pastore) si bien el Obispado propio no lo conseguiría hasta 1.564 gracias a la intervención del oriolano Fernando de Loazes, Arzobispo de Tarragona y posteriormente de Valencia, que presidió el brazo eclesiástico en las Cortes de Monzón que fueron decisivas para la creación del obispado.